Pronto nuestro pueblo celebrará el 52 aniversario de la histórica liberación de la patria, con la cual el gran Líder, camarada
Con motivo de este día, nuestro pueblo evoca con emoción los incesantes desvelos y las grandes proezas que el querido Líder realizara en aras de la reunificación de la patria a lo largo de medio siglo, desde el mismo momento de la liberación del país.
La reunificación de la patria fue la causa de toda su vida y su vehemente anhelo. Más que nada le dolía el sufrimiento de nuestra nación por la división del país y hasta el último momento de su vida hizo tesoneros esfuerzos para legar a las generaciones futuras una patria unificada.
Reunificar la patria cumpliendo el sublime propósito del querido camarada
El gran Líder, camarada
El problema de la reunificación de nuestra patria surgió con la división del territorio nacional por las fuerzas extranjeras al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El medio siglo transcurrido desde la división del país en Norte y Sur ha sido una historia de aguda lucha entre dos líneas contrarias: la reunificación y la división, el patriotismo y la traición a la patria, y una historia de victorias de las fuerzas patrióticas que anhelan la reintegración del país.
Desde los primeros días de la división del país, el gran Líder, camarada
El lineamiento sobre la reunificación de la patria, trazado y aplicado invariablemente por el gran Líder, es, sin duda alguna, el lineamiento de la independencia nacional encaminado a obtener la soberanía e independencia total del país y de la nación, un auténtico lineamiento de amor a la patria y la nación, llamado a lograr el fortalecimiento y el progreso de la patria reunificada y el florecimiento y la prosperidad de toda la nación. La cuestión de la reintegración de nuestro país consiste en poner fin a la dominación y la intervención de las fuerzas foráneas en el Sur de Corea, restablecer la soberanía nacional a escala de todo el territorio coreano, y curando la arteria herida de la nación, realizar su unidad como una sola. Los coreanos, que desde milenios viven en un mismo territorio como una nación homogénea, si se mantienen separados en dos partes por las fuerzas extranjeras, no podrán evitar la desgracia y las calamidades nacionales ni liberarse de la dominación y subyugación. La reunificación es el único camino justo para restituir la soberanía en todo el país, resaltar la dignidad y el honor de la nación y alcanzar su fortalecimiento y prosperidad. El lineamiento de la reunificación goza del apoyo total de todo el pueblo coreano, pues refleja sus intereses y exigencias fundamentales, sus deseos y aspiraciones comunes.
Pese a la compleja y difícil situación motivada por la ocupación del Sur de Corea por los imperialistas norteamericanos y las constantes maniobras de las fuerzas divisionistas internas y externas contra la reunificación, el querido camarada
Realizó intensas actividades exteriores para ganar el apoyo y la solidaridad internacional con nuestros esfuerzos por la reunificación de la patria, gracias a lo cual la justeza de la línea de nuestro Partido en cuanto a la reintegración ha sido ampliamente conocida en los círculos políticos y sociales y la prensa de todos los países del mundo, ha crecido el interés internacional por la reunificación de Corea y se han reforzado el respaldo y solidaridad de los pueblos progresistas hacia ella.
Debido a los abnegados esfuerzos y los grandes méritos que el querido Líder, camarada
El gran Líder, camarada
Los tres principios —la independencia, la reunificación pacífica y la gran unidad nacional— constituyen la piedra angular para la reunificación, pues señalan la posición y la vía principal para resolver este problema con las propias fuerzas de la nación de acuerdo con su voluntad y sus intereses. Esos principios, que el Norte y el Sur reafirmaron en su Declaración Conjunta del 4 de Julio y dieron a conocer solemnemente dentro y fuera del país, es la gran plataforma común de la nación para su reunificación.
El Programa de Diez Puntos de la Gran Unidad Pannacional para la Reunificación de la Patria es una plataforma política destinada a lograr la unión de toda la nación y así fortalecer las fuerzas internas para la reunificación del país. En él están fijados integralmente el objetivo y la base del ideal de la gran unidad nacional y sus principios y vías.
La propuesta de fundar la República Confederal Democrática de Coryo es un proyecto que esclarece el aspecto general del Estado unificado y la vía de crearlo. Indica el camino fundamental para alcanzar de una forma más justa y fácil la reunificación del país sobre la base de tolerar las respectivas ideologías y regímenes en el Norte y el Sur.
Los tres principios, el Programa de Diez Puntos de la Gran Unidad Pannacional y la propuesta de fundar la República Confederal Democrática de Coryo son las Tres Cartas para la reunificación de la patria, en las que el camarada
En virtud de esas Tres Cartas elaboradas por el gran Líder, nuestra nación está en condiciones de impulsar con dinamismo la campaña por la reunificación del país con un objetivo y orientación bien definidos y con gran fe y ánimo, y realizar con éxito, con las fuerzas unidas, su aspiración a reintegrarse. Las Tres Cartas son, en efecto, la bandera de la reunificación del país y el programa de lucha más justo y realista que nos permite alcanzarla de manera independiente y pacífica.
El gran Líder, camarada
El sujeto de esta empresa es nuestra nación y su poderío está en su gran unidad. Si se preparan con firmeza las fuerzas internas pro reunificación, se garantizará sin falta el triunfo de esta empresa.
El camarada
El camarada
En la actualidad las fuerzas patrióticas internas pro reunificación se amplían y fortalecían, y se van aglutinando con mayor firmeza a escala de toda la nación, tanto en el Norte y el Sur como en ultramar, y avanzan con pujanza hacia la reunificación independiente y pacífica de la patria, prevaleciendo sobre las fuerzas divisionistas, vendepatria y serviles a grandes potencias.
Los méritos que acumuló el gran Líder, camarada
Continuar la causa de la reunificación de la patria que iniciara y condujera el gran Líder, camarada
La separación del territorio y el pueblo, que perdura por más de medio siglo, impide el desarrollo unificado de nuestra nación, con una historia de cinco milenios, y le causa incontables infortunios y sufrimientos. Si nuestra generación no logra reunificar la patria, también las venideras sufrirán la tragedia de la división nacional, desaparecerán incluso los elementos comunes de índole nacional entre el Norte y el Sur, y probablemente, la nación quedará dividida en dos para siempre. Es una intolerable vergüenza nacional que la soberanía de nuestra nación, que considera su dignidad y honor como la vida, se vea violada por fuerzas extranjeras cuando ha desaparecido el sistema colonial imperialista y todos los países y naciones otrora oprimidos avanzan por el camino de la soberanía e independencia.
Debemos alcanzar a toda costa la causa de la reunificación de la patria, que fue el propósito de toda la vida del querido camarada
Con miras a reunificar la patria, debemos defender los imperecederos méritos que el gran Líder, camarada
Las Tres Cartas formuladas por el gran Líder para la reunificación de la patria constituyen la guía programática que debe seguir toda la nación, que la desea. En la lucha por esta empresa pueden variar los métodos concretos según cambie la situación, pero no pueden sufrir cambio alguno los principios esenciales para la reunificación de la patria y la posición en cuanto a ella. Debemos realizarla sobre la base de las Tres Cartas, no importa cuánto cambien la situación y las circunstancias.
Mantener el espíritu Juche y revivir la nacionalidad en la construcción del destino del país, de la nación, es una exigencia de principios para asegurar su soberanía e independencia, su prosperidad y fortalecimiento. En todo el proceso de dirección de nuestra revolución, el gran Líder, camarada
Hay que resolver el problema de la reunificación del país, en todos los casos, sobre la base del principio de la independencia nacional. Observar este principio es lo principal para defender el espíritu Juche y la nacionalidad.
Toda nación tiene derecho a forjar su destino de modo independiente y según su criterio, tomándolo fuertemente en sus manos. Nadie puede arrebatar ni violar la soberanía de otra nación. La reunificación de la patria es un asunto de nuestra nación, un asunto relacionado con su soberanía, razón por la cual ella, como su encargada, debe realizarla con sus propias fuerzas y de acuerdo con su voluntad y reclamos de independencia.
Para alcanzarla sobre la base del principio de la soberanía nacional, es necesario que todos los miembros de la nación se identifiquen a plenitud con la conciencia de independencia nacional y se opongan y rechacen categóricamente el servilismo a las grandes potencias y la idea de la dependencia de fuerzas extranjeras.
Si la conciencia de independencia nacional es la fuerza ideológica que hace que la nación se fortalezca y prospere, el servilismo a las grandes potencias y la idea de depender de fuerzas extranjeras son un veneno ideológico que la envilece e incapacita. Que estos conducen el país a la ruina, es una seria lección que nuestra nación experimentó hasta en su médula a lo largo de su larga historia de martirios. La ocupación de nuestro país por el imperialismo japonés, el fracaso del movimiento comunista incipiente y la desintegración del movimiento nacionalista fueron motivados, a fin de cuentas, por el espíritu de servilismo de no confiar en las propias fuerzas y adorar a las grandes potencias.
Incluso después de la emancipación de la patria, los sucesivos gobernantes de Corea del Sur, presos del culto y servilismo a Estados Unidos, y protegidos por ese país, han venido perpetrando actos entreguistas y traidores en contra de la reunificación, y haciéndole el juego a su política agresiva. Tratar de solucionar, apoyándose en las fuerzas extranjeras, el problema de la reunificación de la patria, el problema de rescatar la soberanía nacional arrebatada por estas fuerzas, es tan estúpido como meter la cabeza en el yugo para el sometimiento.
A fin de defender la soberanía y la dignidad de la nación y lograr la reunificación de la patria de acuerdo con su voluntad e intereses, debemos rechazar el servilismo a las grandes potencias y la dependencia de fuerzas extranjeras y luchar resueltamente contra la agresión e injerencia de estas fuerzas. No admitiremos ningún intento de realizar su ambición agresiva y hegemónica interviniendo en el problema de la reunificación de nuestra patria. Con la bandera de la soberanía nacional en alto, debemos desplegar con más fuerza la lucha por la reunificación de la patria para lograr la plena soberanía e independencia del país, de la nación.
Para realizar de manera independiente la obra de la reunificación de la patria, es necesario preparar las fuerzas internas de la nación. La gran unidad de toda la nación es una garantía decisiva para la reintegración independiente y pacífica de la patria. El encargado directo de la reunificación no es sino nuestra propia nación y nadie puede sustituirla en la lucha por lograrla. Solo cuando se preparen firmemente las fuerzas internas uniéndose compactamente todos los compatriotas bajo la bandera de la gran unidad nacional, es posible hacer fracasar las maquinaciones de las fuerzas divisionistas del interior y exterior contra la reunificación y culminar esta causa.
Para lograr la gran unidad nacional es necesario mantener el principio de dar prioridad a los intereses comunes de la nación, dejando a un lado las diferencias de ideologías, ideales y regímenes, y, sobre esta base, unirse. La obra de la reunificación de la patria no es una tarea dirigida a resolver las contradicciones clasistas internas de la nación o el enfrentamiento entre los regímenes, sino una causa nacional encaminada a restablecer la soberanía nacional en todo su territorio. No pueden existir clases o sectores ajenos a la nación; si no se logra la independencia de la nación tampoco es posible asegurar la de sus integrantes. Hoy, cuando la tarea suprema de nuestra nación es la reunificación de la patria, no se debe permitir que una clase o un sector anteponga sus intereses a los intereses comunes de la nación. Por muy grandes que sean las diferencias de ideologías y regímenes entre el Norte y el Sur, estos están por debajo de las características nacionales comunes creadas, consolidadas y desarrolladas a lo largo de la milenaria historia de nuestra nación. Si el Norte y el Sur desean la reunificación de la patria dando prioridad a las características y los intereses comunes de la nación, es posible lograr la gran unidad de toda la nación por encima de esas diferencias.
El amor a la patria, a la nación, es un sentimiento ideológico común de todos sus miembros y el fundamento ideológico para la unidad nacional. Amar con fervor al país, a la nación, y considerar la dignidad nacional como lo más preciado, es una valiosa tradición de nuestra nación y una de sus cualidades distintivas. Quienquiera que tenga la sangre y el espíritu de la nación coreana, debe apreciar y defender su excelente nacionalidad. Hoy, el verdadero valor y dignidad de la vida de los coreanos es dedicarse en cuerpo y alma a la sagrada obra por la reunificación e independencia de la patria y la prosperidad de la nación uniendo su destino al de la nación. Todos los que aman a su patria y nación y se preocupan por su destino, no importa si residen en el Norte, el Sur o en el extranjero, deberán unirse sólidamente bajo la bandera de la reunificación de la patria por encima de las diferencias de ideologías, ideales, creencias religiosas, criterios políticos, clases y capas sociales.
Insistimos en que el Norte y el Sur, sobreponiéndose a las diferencias de ideologías y regímenes, mancomunen sus fuerzas para promover la coexistencia, la coprosperidad y los beneficios comunes y alcanzar la gran obra de la reunificación de la patria. Con respecto a las personas que con conciencia nacional se esfuerzan por la reunificación de la patria, sean capitalistas o generales del ejército o pertenezcan a la capa gobernante, marcharemos hombro con hombro con ellas, sin importarnos su ideología y creencia religiosa. Incluso en el caso de quienes en el pasado cometieron delitos contra la nación, si se arrepienten y vuelven a ponerse al lado de esta los trataremos con indulgencia y les daremos la mano borrando su pasado.
La línea y la política de nuestro Partido para la gran unidad nacional es una política abarcadora, basada en el amor a la patria, la nación y el pueblo. Materializar invariablemente esta política en todo el curso de la lucha por la reunificación y la independencia de la patria y por su prosperidad y desarrollo, es nuestra invariable posición. La línea de la gran unidad nacional que encarna de modo integral el espíritu de amar a la patria, la nación y el pueblo, ya demostró sin reservas su justeza y vitalidad en el largo curso de la lucha práctica por la restauración de la patria, la construcción de una nueva sociedad y la reunificación del país. Respetaremos las ideologías, ideales y creencias religiosas de todos los partidos, las agrupaciones y las personas, que guiándose por el patriotismo se suman a la causa de la reunificación, y nos aliaremos con ellos, cumpliendo así nuestro deber y obligación con la nación.
Alcanzar la reunificación de la patria por vía pacífica, sin el uso de las fuerzas armadas, es nuestra posición de principios y la invariable línea de nuestro Partido.
No hay motivo por el cual los compatriotas luchemos unos contra otros para resolver el problema de la reunificación nacional. Las diferencias de ideologías y regímenes entre el Norte y el Sur no constituyen una condición para recurrir al uso de las fuerzas armadas. La idea y el régimen no se aceptan por imposición, y con métodos impositivos es imposible eliminar las diferencias existentes entre el Norte y el Sur en estos aspectos. Si ambas partes combaten, nuestra nación quedará afectada por la guerra y los imperialistas obtendrán provechos. La reintegración pacífica de Corea no es solo una exigencia de nuestra nación, sino también el deseo de los pueblos amantes de la paz en el mundo. Todas las personas que aman el país, la nación, y aprecian la paz, deben hacer todos los esfuerzos a su alcance para lograr la reunificación pacífica de la patria.
Para preservar la paz en la Península Coreana y alcanzar su reintegración pacífica, es preciso oponerse a las maquinaciones de agresión y guerra, y ponerle fin al peligro de un conflicto.
Al margen de la lucha contra las maniobras de agresión y de guerra, es imposible asegurar la paz ni pensar en una reunificación pacífica. Actualmente en la Península Coreana, debido a las maquinaciones de Estados Unidos y los gobernantes surcoreanos contra el socialismo y nuestra República, se agudizan las tensiones y crece el peligro de que estalle una guerra en cualquier momento.
El problema de aliviar el estado de tirantez y eliminar el peligro de guerra en nuestro país puede resolverse, ante todo, cuando Estados Unidos abandone su política hostil hacia nuestra República y concierte un tratado de paz con nosotros. Ambos países aún están en estado de armisticio temporal y en el nuestro aún no ha desaparecido el peligro de la guerra. Para eliminarlo y garantizar la paz, es indispensable suscribir entre ambos países un acuerdo de paz y establecer un nuevo sistema de aseguramiento de la paz, y al mismo tiempo, reafirmar y cumplir al pie de la letra el acuerdo de no agresión Norte-Sur, ya hecho público ante el mundo.
En la actualidad, Estados Unidos habla mucho de labios hacia afuera del “fin de la guerra fría” y el “alivio de las tensiones”, pero aferrándose de modo invariable a la “política de fuerza”, nos amenaza con incesantes ejercicios militares y maniobras de agresión y azuza activamente a los gobernantes surcoreanos a sus ruidosas campañas para provocar una guerra. Tratar de doblegarnos con amenazas o presiones militares es una tentativa vana y un acto peligroso.
Defenderemos nuestro socialismo como una muralla inexpugnable y no toleraremos la violación de la soberanía del país y la dignidad de la nación. Fortalecer las fuerzas armadas revolucionarias y proteger la seguridad del país y el pueblo en vista de las provocadoras maniobras de guerra de los imperialistas y los gobernantes surcoreanos, constituye una justa medida de autodefensa. Los grupos guerreristas del imperialismo no deben tratar de probar a fuerza de las armas nuestro poderío militar ni de asustar o doblegar a nuestro pueblo con las amenazas y provocaciones bélicas. Tales acciones insensatas resultan aventuras harto peligrosas que pueden tener catastróficas consecuencias. De ningún modo queremos la guerra; nos esforzamos invariablemente por reunificar el país por vía pacífica.
La vía más racional para resolver con éxito el problema de la reunificación de nuestra patria es realizarla sobre la base de la fórmula del sistema confederal.
Nuestra nación espera realizar cuanto antes la reunificación de la patria según una fórmula racional aceptable para todos. Si hoy día, al cabo de medio siglo desde que en el Norte y el Sur se establecieron diferentes regímenes sociales, se trata de alcanzar la reunificación por uno de estos regímenes, lejos de lograrla, se podría profundizar la división y provocarle calamidades irreparables a la nación.
Teniendo en cuenta la exigencia imperiosa de nuestra nación y la realidad del país, la mejor vía para su pronta reunificación resulta fundar un Estado unido nacional según la fórmula del sistema confederal, consistente en una sola nación, un solo Estado, dos regímenes sociales y dos gobiernos.
La reunificación según la fórmula del sistema confederal es la vía de la reunificación racional y equitativa que no persigue la superioridad o los intereses de ninguna parte y que tampoco afecta a nadie. Además, este modo de reunificación pondrá fin al peligro de la guerra que existe permanentemente en la Península Coreana y también contribuirá a la preservación de la paz y la seguridad en el mundo.
Si se realiza la reunificación según esta fórmula, nuestra nación restablecerá su soberanía a escala de todo el territorio y alcanzará una gran unidad como una sola nación, y nuestro país será un Estado unido nacional, independiente, amante de la paz y neutral. El Estado confederal reunificado no afectará los intereses de los países vecinos ni tampoco constituirá una amenaza para ellos.
Sin vacilar en lo más mínimo ante ninguna dificultad o prueba, seguiremos avanzando con pasos firmes por el camino de la reunificación de la patria, sosteniendo en alto las Tres Cartas, presentadas por el gran Líder, camarada
Mejorar las relaciones entre el Norte y el Sur es una exigencia apremiante para realizar la reunificación independiente y pacífica de la patria.
Solo convirtiendo las relaciones de desconfianza y confrontación en las de confianza y reconciliación, es posible lograrla con las fuerzas unidas de toda la nación.
Si bien hoy día se fomenta como nunca antes la atmósfera de la reunificación de la patria, las relaciones entre el Norte y el Sur permanecen tan tirantes y agudas como nunca antes. Las autoridades actuales de Sudcorea, que no tienen en consideración ni el destino de la nación ni la reintegración del país, al ver que los cimientos de su poder son estremecidos tratan de encontrar una salida con la agudización de las tensiones y el enfrentamiento con el Norte, y a este fin han convertido esas relaciones en extremadamente hostiles e intensifican como nunca, en confabulación con fuerzas extranjeras, las maquinaciones de provocación de una guerra de agresión contra el Norte. Después del surgimiento en Surcorea del actual “poder”, entre el Norte y el Sur se intensifica, no la reconciliación, sino la confrontación, y crece, no una atmósfera de paz, sino el peligro de la guerra. El que las actuales autoridades surcoreanas hayan empeorado al máximo, a un grado tal como nunca antes se vio, los vínculos entre el Norte y el Sur, es un crimen contra la reunificación y un acto vendepatria que no se podrá perdonar ni en mil años.
Con miras a mejorar esas relaciones y preparar una coyuntura trascendental para la reunificación de la patria, es preciso, ante todo, que las autoridades surcoreanas, en vez de apoyarse en fuerzas foráneas y “colaborar” con estas, se encaminen a oponerse a ellas y rechazarlas en unión con sus compatriotas, partiendo de la posición de la independencia nacional.
La opción por la independencia nacional o el apoyo en fuerzas extranjeras es la piedra de toque para distinguir la reunificación de la división y el patriotismo de la traición. Cualquiera que sea, si da las espaldas a la nación y desprecia sus fuerzas internas y así toma el camino de apoyarse en fuerzas extranjeras y “colaborar” con ellas, terminará por ser abandonado por la nación y no podrá evitar el veredicto de la historia. Solo cuando las autoridades surcoreanas asuman una posición de independencia nacional, de amar al país, a la nación, será posible que las relaciones entre el Norte y el Sur se conviertan en vínculos de confianza y reconciliación y se abra una nueva senda para la reunificación de la patria.
Esas autoridades, cambiando de política, tienen que asumir una posición de independencia nacional, la de beneficiar a la nación y apoyarse en ella, y practicar la política de forjar juntos, mano a mano con sus compatriotas, el destino de la patria y la nación.
Eliminar el estado de confrontación política entre el Norte y el Sur es un requisito primordial para mejorar las relaciones entre ambas partes. Solo cuando esto se logre, puede desaparecer también el estado de enfrentamiento militar y realizarse, a la larga, la reconciliación y la unidad de la nación.
Con genuina conciencia de compatriotas, las autoridades surcoreanas tienen que cambiar su política de confrontación con el Norte, encaminada a hostilizarnos, por la de alianza y reconciliación, y abstenerse de fomentar el malentendido y la desconfianza entre el Norte y el Sur y obstaculizar la reconciliación y la unidad nacionales.
A la par que poner fin al estado de confrontación política, hace falta eliminar también el de enfrentamiento militar para aliviar las tensiones entre el Norte y el Sur.
Este estado de enfrentamiento no solo trae la desconfianza y el malentendido entre los connacionales e impide su confianza y conciliación, sino que además puede agudizar la tensión y causar una catástrofe a la nación. Si no lo disipamos, no podemos esperar mejoría en las relaciones entre el Norte y el Sur, ni paz en la Península Coreana ni una reunificación pacífica.
Hoy, en el Sur de Corea se habla mucho de la supuesta “amenaza de agresión al Sur”, pero lo que realmente existe en nuestro país no es esta, sino la de agresión al Norte. De no existir tal amenaza en la Península, desaparecerá también el estado de enfrentamiento militar entre ambas partes.
Las autoridades surcoreanas tienen que renunciar a su peligrosa política de guerra y optar por atenuar la tirantez en vez de agravarla. Han de dejar de incrementar sus fuerzas armadas y de introducir armas, suspender los simulacros conjuntos con ejércitos extranjeros y no aventurarse con provocaciones militares descabelladas.
Para eliminar el estado de confrontación entre el Norte y el Sur y promover la reconciliación y la unidad nacionales, es necesario democratizar la vida socio-política en el Sur de Corea. Mientras esta parte sea gobernada de modo fascista, no importa quién sea su mandatario, el estado de enfrentamiento no desaparecerá, ni serán concebibles discusiones y actividades libres de distintos partidos, grupos, capas y clases surcoreanos en cuanto a la reunificación de la patria. Aún más, si siguen en pie las infames leyes antinacionales y contra la reunificación como la “Ley de seguridad estatal” que define como enemigos a los compatriotas, incrimina los contactos e intercambios entre la población y personalidades de distintos sectores del Norte y el Sur y reprime a las fuerzas patrióticas surcoreanas proreunificación, jamás se lograrán la reconciliación y la unidad nacionales ni los contactos e intercambios entre el Norte y el Sur. La historia del arduo movimiento por la reunificación de la patria, iniciada con la división de la nación, demuestra que no podrá haber ningún progreso en las relaciones entre el Norte y el Sur si no se deroga la “Ley de seguridad estatal” en Corea del Sur.
La realidad de hoy, cuando en Surcorea las fuerzas patriótico-democráticas proreunificación son reprimidas por la “Ley de seguridad estatal” y empeoran al extremo las relaciones entre el Norte y el Sur, plantea la tarea de la democratización como una exigencia apremiante, inaplazable. Dicha “ley”, que atormenta a la población sudcoreana y afecta a toda la nación, lógicamente, debe abolirse y, a todos los partidos, grupos y sectores, asegurárseles la libertad política, incluida la de discusión y actividad por la reunificación de la patria, y los derechos democráticos.
Estos asuntos en que insistimos deben ser resueltos sin falta para mejorar las relaciones entre el Norte y el Sur y abrir una nueva coyuntura para la reunificación de la patria.
Si en el futuro las autoridades surcoreanas muestran un cambio positivo con sus acciones, despojándose de la actual política de confrontación antinacional y anti-reunificación, en atención a la expectativa de toda la nación, estamos dispuestos a encontrarnos con ellas en cualquier momento para discutir sinceramente sobre el problema del destino de la nación, y esforzarnos juntos en aras de la reunificación de la patria. Observaremos qué posición y actitud van a asumir en sus actividades.
Para resolver de modo justo el problema coreano, también los países interesados deben desempeñar un papel positivo con la sincera actitud de ayudar a la reunificación de Corea. Tienen que respetar la soberanía y la voluntad de reintegración de nuestra nación y ayudarla de modo activo para que pueda resolver de modo independiente y pacífico el problema de la reunificación de la patria.
Estados Unidos, como responsable directo de la cuestión coreana, tiene que cumplir honestamente la promesa y el deber, que juramentó. Debe modificar radicalmente su política anacrónica hacia Corea, y no obstaculizar más su reunificación independiente y pacífica. No queremos considerar a EE.UU. como un enemigo perpetuo, sino deseamos que se normalicen las relaciones entre ambos países. Si Estados Unidos deja de tratar la cuestión coreana partiendo de una posición de fuerza, despojándose de la vieja concepción de la época de la guerra fría y realiza acciones que contribuyan a la paz y la reunificación de la Península Coreana, también las relaciones entre Corea y EE.UU. se desarrollarán positivamente de acuerdo con los intereses de ambos pueblos.
Japón, que en un tiempo causó a nuestro pueblo incontables infortunios y calamidades, debe arrepentirse sinceramente del pasado, renunciar a la política hostil hacia nuestra República y dejar de instigar la división de Corea y de obstaculizar la reunificación. Si procede así, lo trataremos amistosamente como país vecino, y se normalizarán también las relaciones bilaterales.
El camino de la lucha de nuestro pueblo por la reunificación de la patria no es llano, pero este anhelo de la nación se hará realidad sin falta.
Entonces nuestra patria aparecerá con la frente erguida en el escenario mundial como un Estado soberano e independiente, poderoso y próspero, con 70 millones de habitantes, y nuestra nación llegará a enorgullecerse como una gran nación inteligente y digna.
Al desarrollar la lucha de toda la nación para hacer realidad el legado del gran Líder, camarada