Póngase letras de registro Son letras prohibidas

Hace años el estimado compañero Kim Jong Un visitó por cuarta vez una empresa pesquera a la costa del Mar Este.

Todo el personal de la empresa bullía por acoger al mandatario, excepto una mujer que estaba impacientada en la casa. Era la esposa del director de la empresa que por alguna enfermedad no podía ayudar a los pesqueros en el muelle.

Cada vez que el mandatario visitaba la empresa y se tomaba fotografía con el personal y sus familiares, ella se quejaba de su salud precaria guardando solo en el corazón el deseo vehemente de verse con él siquiera una vez.

Era precisamente Kim Jong Un que estimó ese deseo.

Al informarse de que la mujer del director no estuvo presente ni una vez en las tomas de fotografía anteriores por la enfermedad, dijo que la llevaran pronto en su coche añadiendo que ella se sentiría muy lastimada si estuviera ausente esta vez también.

Muy emocionada la mujer corrió al mandatario y le rindió un profundo tributo con lágrimas de agradecimiento.

Este le dijo con cariño que se recuperara pronto y ayudara más al marido para que cumpliera con la misión asumida y se tomó la foto inolvidable con el matrimonio a ambos lados.